El Cuento Número Trece, de Diane Setterfield

The Thirteenth Tale, 2006
Editorial: Lumen S.A.
Traducción: Matuca Fernández de Villavicencio
480 páginas
100 pesitos

El Cuento Número Trece, de Diane Setterfield

Argumento:

Margaret Lea recibe una carta de la misteriosa escritora Vida Winter para que escriba su biografía… y promete no mentirle. La joven se traslada a la casa de la autora y ésta comienza a desgranar la historia de su familia.

Comentario:

Desde la cinta que sirve de guía para saber en qué punto de la lectura se va, hasta el anticuado estampado rojo de las guardas se deja claro que el tomo pretende imitar exteriormente el aspecto de la novela decimonónica.

El comienzo de la historia confirma esta impresión con las continuas alusiones de la protagonista a su predilección por este tipo de novelas que contienen un desarrollo y conclusión concretos, además de homenajear a la literatura y a quienes sienten pasión por ella.

Margaret se presenta a sí misma como una aficionada a la lectura casi de manual, solitaria, introvertida, encerrada de forma voluntaria en una librería en la que ha aprendido a ser quien es, alejada del resto del mundo excepto de sus padres, con los que mantiene desiguales relaciones. Mientras con el padre comparte la pasión literaria con la madre, enfermiza y amargada, tiene poco en común.

Quizá esos primeros capítulos en que la protagonista describe su pasión por los libros y lo que siente con la lectura pecan de extensos e insistentes, demasiado texto para contar un sentimiento fácil de comprender.

La llegada a la casa de Vida Winters y la presentación a la escritora tiene mucho que ver (salvando las distancias) con la presentación de Jane Eyre al Sr. Rochester, por ejemplo, continuando con el homenaje a la literatura del siglo XIX, o el incendio de “Angelfield” como símbolo de purificación, como sucedía en “Thornfield” (“Jane Eyre”) o en “Manderley” (“Rebecca”. No es casual que el nombre del personaje que da título a la novela sea Rebecca de Winter…)

El desarrollo de la novela, en primera persona, alterna el relato de Vida con las impresiones de Margaret sobre lo que le cuenta, hechos que decide investigar para comprobar que son ciertos, mediante incursiones en almanaques antiguos etc…

Es curioso que no se mencione la época en que se desarrolla la trama “actual”, aunque el hecho de que la joven se comunique por carta y viaje en tren o que no se mencionen ordenadores, móviles y otros objetos actuales, hace pensar que pueda ocurrir hace varias décadas.

Como en muchas novelas decimonónicas, la historia cuenta con el relato en forma de diario de uno de los personajes, la institutriz Hester Barrow, que por una vez no contiene inverosímiles diálogos escritos de memoria, sino que está escrito como un diario real.

Aunque la relación entre Margaret y Vida es la parte central de la novela, son los personajes que aparecen en el relato de la anciana, como Charlie e Isabelle, las gemelas Adeline y Emmeline o el servicio, desde el ama la señora Dunne, el jardinero John, Hester o el Dr. Maudsley, médico que atiende a las niñas quienes llevan el mayor peso de la historia y donde esta comienza a derivar hacia lo gótico y, a veces, lo macabro.

El trato que se da a los personajes intenta profundizar en sus motivos y psicología, aunque puede dar la impresión de que el motivo que acerca a Margaret a Vida y la forma de “resolver” su propio trauma tras el trato con la escritora son un tanto superficiales, así como que los sucesos que ocurren a los Angelfield se han visto anteriormente en muchas novelas y no es difícil averiguar la mayoría de las cosas que se van a relatar, en parte debido a las más o menos sutiles indicaciones de la autora, que parece dar más importancia a recrear una época y una forma de contar que a sorprender.

Exceptuando algunos pasajes largos y farragosos que se distribuyen a lo largo de toda la novela, y ciertos puntos más o menos poco creíbles, la historia se deja leer con gran facilidad y a ratos se hace difícil parar, debido sobre todo a que los personajes y lo que les sucede son muy poco convencionales, aunque se sepa mucho de lo que va a pasar, y haya cosas resueltas con cierta torpeza.

Al final deja cierta impresión de que si se quitaran los mencionados hechos poco convencionales sería muy fácil de olvidar.

Por cierto, decepcionante la explicación del contenido de ese “cuento número 13” que da título a la novela.

Un par de pasajes:

– Los lectores – prosiguió la señorita Winter – son ingenuos. Creen que todo lo que se escribe es autobiográfico. Y lo es, pero no como ellos creen: La vida del escritor necesita tiempo para descomponerse antes de que pueda ser utilizada para alimentar una obra de ficción. Hay que dejar que se pudra. Por eso no podía tener a periodistas y biógrafos hurgando en mi pasado, recuperando retazos y fragmentos, conservándolos mediante sus palabras. Para escribir mis libros necesitaba dejar tranquilo mi pasado a fin de dejar que el tiempo hiciera su trabajo.

***

¿Y mis sentimientos? Vergüenza, pues había mentido. Naturalmente que amaba los libros más que a las personas. Naturalmente que Jane Eyre tenía para mí más valor que el desconocido que ponía en marcha la palanca. Naturalmente que toda la obra de Shakespeare valía más que una vida humana. Naturalmente. Pero, a diferencia de la señorita Winter, me avergonzaba reconocerlo.

Enlace de interés: Web de la novela (en inglés)

*** T ***

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