the devil and daniel johnston


Hace meses que estoy a punto de escribir este post y lo retraso por los motivos más idiotas. Pero ya no más: es tiempo de hablar sobre Daniel Johnston, un tipo que parece salido de la mente de un cineasta indie que se hubiera impuesto la meta específica de ilustrar la noción “artista de culto”.

¿Quién es? Los datos fríos son estos: Daniel Johnston es un californiano de Sacramento, de cuarenta y seis años, nacido en una familia de cristianos conservadores, dueño de una habilidad extraordinaria para muchas artes –la composición melódica, el dibujo, el video– pero empecinado desde siempre en triunfar en una sola: el canto, a pesar de una voz que casi siempre desafina y se quiebra en todas las notas medianamente altas.

Las canciones de Daniel Johnston son muchas veces bellísimas, una mezcla de crudeza y desgarro, por un lado, un lenguaje muy sencillo y muy directo, y una facilidad inverosímil para crear melodías e irlas variando poco a poco, jugando con ellas, derivándolas hasta el punto que algunas empiezan con la sencillez de una canción de cuna y terminan canibalizadas por su propia ironía, transformadas en versiones oscuras y ténebres de sí mismas… El gran problema, claro, es que hay que distinguir las virtudes de cada canción a pesar de la flaca y torpe voz del cantante y de la mala manera en que suele tratar a la guitarra.

Una de las razones por las cuales Daniel Johnston ha grabado sus canciones de modo tan defectuoso es que lo ha hecho no sólo encerrado en su casa, sino encerrado, además, en su propia mente transtornada: Jonhston es una víctima de lo que los sicólogos llaman sindrome, desajuste o desorden bipolar. Es decir, es lo que antes se conocía como un maniaco-depresivo. Pero extremo. Hasta el punto de que en sus fases maniacas ha sido capaz de componer y grabar discos enteros, de quince o veinte canciones, en una semana, mientras que en sus fases depresivas ha pasado largos periodos sentado ante una pared blanca, o mirando por una misma ventana, hora tras hora, día tras día, mes tras mes.

Y en el trance de una fase a otra, verlo es como ver a un esquizofrénico: escucha voces, recibe lo que él llama “mensajes” tanto de dios como del diablo, y luego de esos episodios tiene caídas paranoides en las que sospecha de toda la gente cercana. En trances así, ha estado muy cerca de causar la muerte de otras personas, y también la suya, a pesar de que por lo común es un hombre dulce y preocupado por dejar una impresión de amabilidad en todo el mundo.

Yo supe sobre Daniel Johnston porque soy un devoto consumidor de documentales y hay uno bastante conocido sobre él: The Devil and Daniel Johnston, de Jeff Feuerzeig, que es, de hecho, uno de los mejores que vi el año pasado. (Y eso que el año pasado vi casi toda la obra del sumo sacerdote de los documentalistas norteamericanos, Errol Morris).

Y ya que les quiero mostrar algunos videos referidos a Johnston, por qué no comenzar con el trailer del documental The Devil and Daniel Johnston:

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